Salmos para la salud del cuerpo y el espíritu

Hoy, le traemos los mejores salmos para la salud, ya que muchas veces atravesamos por alguna afección y necesitamos recurrir a la fe que tenemos puesta en Dios, con el propósito de que sane nuestro cuerpo y espíritu.

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Salmos para la salud del cuerpo y el espíritu

Todos alguna vez hemos lidiado con una enfermedad o tal vez hemos tenido a un familiar delicado de salud y no encontramos una salida o solución a ese problema que nos aqueja.

Cuando nos hallamos en una situación de necesidad, nos sentimos afligidos y pensamos que cualquier esfuerzo que realicemos será inútil. Lo importante es que jamás perdamos el valor y la esperanza, así que confiemos plenamente en Dios y saldremos victoriosos.

Sabemos que el buen Padre siempre nos escucha, sin cansarse, mantengamos los ojos fijos en el Señor, hasta que nos diga: “Tu fe te ha salvado”. Por ello, no deje de leer los salmos para la salud que dejamos a su disposición.

Salmos para la salud de los enfermos

El Libro de los Salmos tiene oraciones de alabanzas realmente positivas, que sirven como consuelo a los enfermos, y también de curación o sanación física. Pida por su salud, o por el bienestar de su ser querido que ahora está enfrentando una batalla.

Los invitamos a leer en voz alta estos salmos para la salud que la biblia pone ante nosotros durante esos momentos difíciles de la vida. Pero recuerde que los salmos para la salud son más efectivos si se oran con devoción y fidelidad en el Señor.

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Salmo 6

Oración del afligido

Señor, no me reprendas en tu ira ni me castigues en tu enojo.

Misericordia, Señor, que desfallezco. Sáname tú, porque el temor ha carcomido mis huesos.

Aquí me tienes sumamente perturbado. Y tú, Señor, ¿hasta cuándo?
Señor, vuélvete a mí, libra mi alma y sálvame por tu gran compasión.

Porque después de muerto nadie te recuerda, en el lugar oscuro nadie te alaba.

De tanto gemir, estoy agotado, de noche en mi cama lloro y mis lágrimas corren por el suelo.

Mis ojos se consumen de tristeza, envejezco al ver tantos enemigos.

Apártense de mí los malvados, porque el Señor ha oído mi llanto.

El Señor ha escuchado mi plegaria y ha aceptado mi oración.

Que todos mis adversarios se avergüencen, y de depende retrocedan aterrados.

Salmo 23

El Señor es mi pastor

El Señor es mi pastor, nada me falta, 2en verdes pastos él me hace reposar y a donde brota agua fresca me conduce.

Fortalece mi alma, por el camino del bueno me dirige por amor a su nombre.

Aunque pase por quebradas muy oscuras no temo ningún mal, porque tú estás conmigo, tu bastón y tu vara me protegen.

Me sirves a la mesa frente a mis adversarios, con aceites tú perfumas mi cabeza y rellenas mi copa.

Me acompaña tu bondad y tu favor mientras dura mi vida, mi mansión será la casa del Señor por largo, largo tiempo.

Salmo 25

Se llama a Dios en la prueba

Mírame y ten lástima, porque soy pobre y desvalido.

Alivia las angustias de mi alma y líbrame de mis penas.

Salmo 30

Te alabaré, porque me has librado

Señor, a ti aclamo e imploro la misericordia de Dios.

¿Qué ganas con mi muerte? ¿Qué ganas con que yo baje al sepulcro? ¿Te alabará el polvo de los muertos, o dará gloria a tu lealtad?

Señor, escúchame y ten piedad de mi; Señor, sé mi ayuda.

Convertiste mi duelo en alegre danza, me sacaste del vestido de penitencia y me vestiste de alegría.

Por eso, que mi alma cante y no se calle. Señor, Dios mío, yo te quiero alabar eternamente.

Salmo 32

Alivio del que confesó su pecado

Dichoso el que es absuelto de pecado y se encuentra sin culpa.

Dichoso el hombre aquel a quien Dios no le nota culpa alguna, y en cuyo corazón no se halla engaño.

En silencio, mis huesos se acababan, gimiendo todo el día.

Tu mano día y noche pesaba sobre mí, mi corazón ardía como paja en medio del verano.

Te confesé mi falta, no te escondí mi culpa. Yo dije: «Ante el Señor confesaré mi falta.» Y tú, tu mi pecado perdonaste, condonaste mi deuda.

Salmo 38

Oración en la desgracia

Señor, no me castigues en tu indignación, no me reprendas en tu enojo.

Tus flechas me traspasaron, tu mano se descargó contra mí.

Tu cólera no dejó sana ninguna parte de mi cuerpo, y no hay descanso para mí después de mi pecado.

Mis culpas me llegan hasta la coronilla y su peso sobrepasa mis fuerzas.

Mis llagas están descompuestas y malolientes por causa de mis locuras; 7llagado, postrado, agotado, todo el día camino sombrío.

Siento espadas ardientes de fiebre y en mi cuerpo no queda nada sano.

Quebrantado, deshecho, agotado, dejo oír los rugidos de mi corazón.

Señor, expongo todas mis ansias, no se te ocultan mis suspiros.

Se me agita el corazón, las fuerzas me abandonan y hasta la luz de los ojos.

Mis llagas tienen alejados a mis amigos y compañeros; mis familiares se quedan a distancia.

Aquellos que desean mi muerte me pusieron trampas, los que me quieren mal me amenazan; todo el día hablan en mi contra.

Pero yo me hago el sordo, no oigo, como un mudo no abro la boca.

Soy hombre que no oye nada y no tiene qué contestar.

Porque en ti, Señor, espero, eres tú el que responderá, mi Señor y mi Dios.

Dije: que no se burlen de mí ni canten victoria si vacilan mis pies.

Sin embargo, estoy a punto de caer, mis dolores no me dejan ni un momento.

Tengo que reconocer mi maldad; mi falta me tiene inquieto.

Son muchos los que buscan mi muerte, son incontables los que sin causa me odian, 21los que me devuelven mal por bien, los que me condenan si hago el bien.

No me abandones, Señor, Dios mío, no te alejes de mí.

Ven rápido en mi ayuda, Señor, salvador mío.

Salmo 41

Oración de un enfermo abandonado

Feliz el que cuida del débil del pobre: en el día malo Dios lo habrá de salvar.

El Señor lo protegerá, dándole en esta tierra vida y felicidad. ¡Oh, no lo entregues a la saña de sus enemigos!

El Señor lo visita en su lecho de enfermo, y le arregla la cama en la que languidece.

Yo dije: Señor, apiádame de mí, sáname, porque pequé contra ti.

Mis enemigos me desean lo peor: «¿cuándo morirá y se borrara su recuerdo?»

Si vienen a verme, hablan con falsedad, recogen rumores y al salir los esparcen.

Mis enemigos cuchichean y calculan: 9«es algo grave lo que le sucede, cayó a la cama para no levantarse.»

Hasta mi amigo seguro en el que yo confiaba, que mi pan compartía, me trata con desprecio.

Pero tú, señor, ten piedad de mi haz que me levante y les daré su merecido.

Que mis enemigos no cantan victoria y conoceré que te complaces en mí.

¡Oh, Señor, me has fortalecido, porque no había falta en mí!; ahora me mantendrás de pie en tu presencia para siempre.

¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, desde siempre y para siempre! ¡Así sea!

Continúe leyendo los salmos para la salud más efectivos en la biblia, porque nada hay definitivo en esta vida y el Señor nos da diferentes pruebas a cada uno, según lo necesitemos, con el fin de que crezcamos en la fe.

Salmo 46

Dios está con nosotros

Dios es nuestro refugio y fortaleza, un socorro oportuno en nuestra angustia.

Por eso, si hay temblor, no temeremos o si al fondo del mar caen los montes, aunque sus aguas hiervan y se agiten, y los montes, a su ímpetu, retiemblen.

Con nosotros está Dios, el Señor, es el Dios de Israel nuestra defensa.

Salmo 51

Piedad de mí, Señor

Piedad de mí, Señor, en tu bondad, por tu gran corazón, borra mi falta.

Que mi alma quede limpia de malicia, purifícame tú de mi pecado.

Pues mi pecado yo bien lo conozco, mi falta no se aparta de mi mente; 6contra ti, contra ti sólo pequé, lo que es malo a tus ojos, yo lo hice. Por eso, en tu sentencia tú eres justo, no hay reproche en el juicio de tus labios.

Tú ves que malo soy de nacimiento, pecador desde el seno de mi madre.

Tú quieres rectitud de corazón, enséñame en secreto lo que es sabio.

Rocíame con agua y seré limpio, lávame y seré blanco cual la nieve.

Haz que sienta otra vez jubilo y gozo y que bailen los huesos que moliste.

Aparta tu semblante de mis faltas, borra de mi todo rastro de malicia.

Crea en mí, ¡oh, Dios!, un corazón puro, un espíritu firme pon en mí.

No me rechaces lejos de tu rostro ni apartes de mí tu santo espíritu

Deme tu salvación que regocija, mantén en mí un alma generosa.

Indicaré el camino a los desviados, a ti se volverán los descarriados.

De la muerte presérvame, Señor, y aclamará mi lengua tu justica.

Señor, abres mis labios y cantara mi boca tu alabanza.

Un sacrificio no te gustaría, ni querrás, si te ofrezco, un holocausto.

Un corazón  contrito te presento; no desdeñas un alma destrozada.

Favorece a Sión en tu bondad; edifica de nuevo sus murallas.

Y así te gustarán los sacrificios, ofrendas y holocaustos que son justos. Ofrecerán novillos en tu altar.

Salmo 86

Oración en tiempos de aflicción

Señor, inclina tu oído y óyeme, porque soy pobre y desamparado.

Protégeme, ya que soy devoto tuyo. Salva a tu siervo, ya que confía en ti.

Tú eres mi Dios, ten piedad de mí, que te ruego sin descanso.

Alegra a tu siervo cuando a ti levanto mi alma.

Tú, Señor, eres compasivo y bueno, lleno de bondad con los que te invocan.

Señor, escucha mi oración y presta oído al clamor con que te ruego.

Salmo 88

Oración del enfermo que se acerca a la muerte

Señor, Dios mío, en el día grito y de noche me lamento tu ausencia.

Llegue a ti mi oración, inclina tus oídos a mi voz.

Yo estoy colmado de males, y a punto de caer entre los muertos.

Me cuentan ente los que bajan al sepulcro. Soy semejante a un hombre ya sin fuerzas.

Mi cama está entre los muertos, soy como los cadáveres acostados en el sepulcro, de quienes ya no te acuerdas desde que tu mano los soltó.

Me pusiste en lo más profundo de la fosa, en lugar oscuro, en un abismo inmenso.

Tu enojo pesa sobre mí, me echas encima tus olas.

Alejaste de mí a mis conocidos, me hiciste repugnante a ellos. Estoy encerrado y no puedo salir.

Los ojos se me nublan de pesar. Señor, a ti clamo todos los días, hacia ti extiendo mis manos.

Salmo 102
Oración de un afligido

Señor, escucha mi plegaria y que mi clamor llegue a tu presencia.

No apartes tu rostro de mí; en el tiempo de mi angustia préstame atención; escúchame en el día en que te invoco.

Porque mis días se desvanecen como el humo, y mis huesos se van consumiendo.

Mi corazón no vale más que pasto seco y hasta me olvido de comer mi pan.

Con tanto gritar mi lamento, mis huesos se pegan a la piel.

Me parezco al ave del desierto, a la lechuza que vive entre las ruinas.

Paso en velas las noches gimiendo, como un ave solitaria en un tejado.

Mis enemigos me insultan sin cesar; furiosos, echan maldiciones en contra mía.

Como más cenizas que pan, y para calmar mi sed tengo mis lágrimas.

Porque me miras con enojo y furor, tú que me sostenías y ahora me tiras al suelo.

Mis días son como una sombra fugitiva y me voy secando como el pasto.

Salmo 116

Tú me has librado de la muerte

¡Aleluya! Amo al Señor, porque escucha el clamor de mi plegaria.

Inclinó hacia mí su oído, el día en que lo llamé.

Me apretaron los lazos de la muerte, las redes del sepulcro: 4me ahogaban la angustia y el fastidio, pero invoqué al Señor: «¡Salva, oh, Señor, mi vida!»

El Señor es muy justo y compasivo, nuestro Dios está lleno de ternura; defiende a los pequeños el Señor, estaba yo sin fuerzas y me salvó.

Salmo 121

Dios no te faltará

Dirijo la mirada hacia los cerros en busca de socorro.

Mi socorro me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

No deja que tu pie de un paso en falso, no duerme tu guardián.

Jamás lo rinde el sueño o cabecea el guardián de Israel.

El Señor te custodia y te da sombra, está siempre a tu diestra.

Durante el día, el sol no te maltrata ni la luna de noche.

Te preserva el Señor de cualquier mal y protege tu vida.

Él te cuida al salir y regresar, ahora y siempre.

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Citas bíblicas de sanación a los enfermos

“Yo soy el Señor que te doy la salud.”

— Éxodo 15:26

Tú me sanarás y me devolverás la vida, mi enfermedad se cambiará en salud. Tú has salvado mi alma de la fosa vacía, porque te echaste a la espalada todos mis pecados.

— Isaías 38:17

Fue tratado como culpable a causa de nuestras rebeldías y aplastado por nuestros pecados. Él soportó el castigo que nos trae la paz y por sus heridas hemos sido sanados.

— Isaías 53:5

¡Devuélveme la salud, Señor, y quedaré sano! ¡Sálvame y estaré a salvo! Pues mi esperanza eres tú.

— Jeremías 17:14

“Yo voy a devolver el vigor a tu cuerpo y voy a sanar tus heridas”, dice el Señor.

— Jeremías 30:17

Jesús sanó a muchos enfermos con dolencia de toda clase; también echó a muchos demonios, pero no los dejaba hablar, porque sabían quién era.

— Marcos 1:34

Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz y queda sana de tu enfermedad.»

— Marcos 5:34

Jesús al desembarcar y ver a tanta gente reunida tuvo compasión y sanó a los enfermos.

— Mateo 14:14

Confía en el Señor sin reserva alguna; no te apoyes en tu inteligencia. En todo lo que hagas tenle presente, y él dirigirá tus pasos. No te tengas por sabio: teme al Señor y huye del mal, esto será medicina para tu cuerpo y refrigerio para tus huesos.

— Proverbios 3:5-8

Misericordia, Señor, que desfallezco. Sáname tú, porque el temor ha carcomido mis huesos.

— Salmo 6:3

El Señor lo protegerá, dándole en esta tierra vida y felicidad.

— Salmo 41:3

Sí, alma mía, bendice al Señor y no olvides tantos beneficios de su mano. Él perdona tus pecados y sana tus dolencias.

— Salmo 103:2-3

Clamaron al Señor en sus angustias, y él los libró de sus aflicciones. Mandó su palabra para sanarlos y sacarlos de su ruina.

— Salmo 107:19-20

Los salmos para la salud son una forma de pedirle a Dios por la pronta sanación de cualquier persona y la mejor opción de solicitarle que nos libre de todo mal que doble nuestra voluntad.

A continuación, le dejamos este vídeo sobre los salmos para la salud más poderosos, que podrían contribuir a darle fuerzas a su espíritu y ayudarle a superar sus dificultades.

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